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Javier Pérez Royo: “Una ley puede no contar con la adhesión de la ciudadanía; la Constitución y el Estatuto, por el contrario, no pueden prescindir de ella.”

2 novembre 2016 1 Comentari

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Llibre sobre el cicle de conferències “La pell de brau”

El catedràtic de Dret Constitucional de la Universitat de Sevilla, Javier Pérez Royo, ens visità en el marc del cicle de conferències La Pell de Brau.

Javier Pérez Royo fou membre de la comissió redactora de l’Estatut d’Autonomia andalús, i de la comissió consultora de la reforma de l’Estatut de Catalunya de 2006. Ha rebut el Premi Blanquerna de la Generalitat de Catalunya, així com la Medalla de Oro de la Junta i del Parlament andalusos.

Us deixem a continuació el vídeo complet de la seva ponència, juntament amb les notes que en va prendre Jordi Font amb el vist-i-plau del ponent.

 

Notes de la conferència de JAVIER PÉREZ ROYO

  1. Cataluña es el gran problema constitucional que tiene planteado la sociedad española. Una sociedad no puede convivir pacíficamente sin una respuesta prácticamente unánime a la preguntade“¿Dónde reside el poder?”. No es una cuestión teórica, sino práctica. Si hay respuesta, hay cauces para lo que haga falta. Si no hay respuesta, no hay cauce alguno para nada.
  2. La actual Constitución de los EEUU, por ejemplo, responde claramente a esa pregunta: “El poder reside en el pueblo de los EEUU”. No fue así a mediados del XIX: la Confederación del Sur, más allá de sus concepciones racistas, planteó que el poder estaba “en los distintos pueblos” de los EEUU. Ello dio lugar a una guerra civil espantosa -la guerra de Secesión-, con más americanos muertos que en la II Guerra Mundial. Y perdió la Confederación del Sur.
  1. La reunificación alemana, tras la caída del muro, siendo compleja, resultó extremadamente fácil porque tanto la RDA como la RFD partían de una misma base: “un solo pueblo alemán, titular de la soberanía”. Lo demás, por complejo que fuera, se resolvería y se resolvió. Esa afirmación de partida comportaba la existencia de cauces políticos y de cauces jurídicos para resolver el resto.
  1. La Constitución española de 1978 supuso un compromiso con un alto grado de consenso, con una alta aceptación de Cataluña. En él, se establecía que el poder residía “en el pueblo español”, junta a otras previsiones que configuraron la “Constitución territorial” del Estado democrático.
  1. ¿Qué ha ocurrido? Que, ante la reforma del Estatuto promovida por el Parlamento catalán, pactada y aprobada en el Congreso de los Diputados español y refrendada por la ciudadanía catalana, el PP presentó un recurso de inconstitucionalidad, de modo que, pasados cuatro años, en plena vigencia del nuevo Estatuto, el Tribunal Constitucional lo resolvió, en su sentencia de 2010, destrozando la “Constitución territorial” que nos habíamos dado. Fue la ruptura del compromiso constituyente. Y una parte importante de la ciudadanía catalana respondió a ello con la deriva independentista. Es decir, con la afirmación de que “el poder reside el pueblo catalán”.
  1. Con ello, el acuerdo de 1978 ya no existe, se extinguió. La ciudadanía que, en respuesta a la sentencia de 2010, se posiciona de ese modo es suficientemente numerosa para que falte en España el consenso necesario. De ahí, las dificultades en la formación de gobierno. Desde la Transición, la gobernabilidad se basó, exceptuando los momentos de mayoría absoluta, en gobiernos del PSOE o del PP, apoyados invariablemente por el nacionalismo catalán. Treinta años así. El consenso básico que lo permitía se quebró con la sentencia del Estatuto catalán.
  1. No hay solución a la vista. La tendrá, pero no sabemos cuál será. Por el momento, hay dos líneas rojas que lo hacen imposible. Es lo de “referéndum o referéndum” del nacionalismo catalán, aunque también de otros sectores no nacionalistas. Y es lo del “no al referéndum” del PP, el PSOE y Ciudadanos. Incompatibles.
  1. El pacto constituyente de 1978, con un consenso suficiente, que incluía a Cataluña, había establecido las cosas de la manera siguiente. Estableció que había “nacionalidades” con derecho al autogobierno -cosa que se refería en primerísimo lugar a Cataluña- y que éste se materializaba mediante dos decisiones sucesivas:
  • La aprobación, por el Congreso de los Diputados, del pacto al que se llegara en su seno, a partir de la propuesta de Estatuto presentada por el Parlamento catalán.
  • La aceptación o no de este resultado por la ciudadanía de Cataluña mediante referéndum.

Es lo que viene en llamarse la “Constitución territorial” española de 1978, la combinación de dos decisiones, la del Congreso de los Diputados, previo pacto con la cámara catalana, y la del pueblo catalán consultado de manera  vinculante y dándole la última palabra. La fórmula se estableció para Cataluña. Luego vendrían el País Vasco, Galicia…, pero el tema a resolver  era el de siempre: la incardinación de Cataluña en España. Una fórmula que contenía  dos garantías:

  • A favor del Estado: Cataluña no podía imponerse.
  • A favor de Cataluña: el Estado no podía imponerse.
  1. El Tribunal Constitucional, con su sentencia de 2010, lo rompe: se carga lo que se pactó y aprobó en el Congreso de los Diputados; y lo que refrendó el pueblo de Cataluña. Rompe la “Constitución territorial” de 1978. Rompe el consenso sobre “la residencia del poder”. En respuesta a ello, en adelante, una parte importante de Cataluña, sin la cual no hay consenso español suficiente, afirmará que “el poder reside en el pueblo de Cataluña”. Y, una vez ocurrido, esto es muy difícil de resolver. El Tribunal Constitucional se cargó, ni más ni menos, que el mecanismo de integración de Cataluña en España. Y no se puede rehacer. No tiene marcha atrás.
  1. El Plan Ibarretxe fue otra cosa. No era independentista. Consistía en la tesis de que “el pueblo vasco es titular del poder constituyente”, a partir de la cual establecía “la libre asociación con España”. Eso sí, unilateralmente. Pero sin irse. Es un fundamento independentista para una solución no independentista. El Plan sería rechazado por el Congreso de los Diputados por su planteamiento unilateral. Cataluña no hizo eso. Actuó armónicamente con la “Constitución territorial”, hizo todo el trayecto preceptivo, sacó adelante el nuevo Estatuto  y, después de cuatro años de vigencia de éste, se encontró con un Tribunal Constitucional que entraba como elefante en cacharrería.
  1. Una ley puede no tener la adhesión de la ciudadanía. Es lo que ocurre, sin ir más lejos,con la “ley mordaza” o con la “ley Wert”. Una Constitución y un Estatuto, por el contrario, no pueden prescindir de la adhesión ciudadana. Sin ella, son estériles.
  1. Esto es lo que está ocurriendo en Cataluña. De ahí, la inestabilidad política: CiU i PSC, en los que se había basado el sistema de partidos catalán durante treinta años, andan de cabeza para abajo, mientras adquieren protagonismo la CUP y Ciudadanos, partidos que no sabemos en qué quedarán dentro de dos o tres años. Ha habido tremendas oscilaciones electorales desde 2010: socialistas, convergentes, caída de ambos, aparición de En comú Podem, emergencia de los extremos… La Constitución y el Estatuto vigentes han perdido buena parte de la adhesión ciudadana. El pacto constituyente, roto, ha quedado irremediablemente atrás. Hay desorientación, desorden, confusión.
  1. La sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto catalán fueuna bomba de neutrones, de esas que dejan intacto el edificio perodestruyen toda señal de vida en su interior.La Constitución y el Estatuto han devenido estériles, inservibles.
  1. No es un tema que se resuelva con una reforma constitucional, por la queel PP además no quiere entrar. La ciudadanía catalana ha de tener ocasión de decir qué quiere ser. Es decir, el referéndum ha pasado del punto de llegada,en que lo situaba el pacto constitucional, al punto de partida.
  1. La situación creada por el Tribunal Constitucional no tiene respuesta jurídicamente ordenada. Hace faltauna respuesta política, de naturaleza constituyente y originaria, porque se cargaron “la Constitución territorial”.
  1. Por otra parte,la “Constitución material” de España se basó en la tensión derecha/izquierda, arbitrada siempre por el nacionalismo catalán y vasco, sobre todo por el primero. CiU hizo posibles en muchas ocasiones los gobiernos españoles, sin participar directamente en ellos. Tanto gobiernos del PSOE como del PP. La liquidación de la “Constitución territorial” ha comportado también la extinción de esa “Constitución material”.Ya no existe y la falta de árbitro ha llevado al PSOE a la abstención en la investidura de Rajoy, cosa que nadie entiende. Es un efecto inevitable de la situación creada.
  1. No debió, pero se produjo la barbaridad de la sentencia del Estatuto catalán. Estaban avisados de las consecuencias: el famoso editorial conjunto de toda la prensa catalana lo había advertido de manera muy clara.Pero la sentencia estaba anunciada. Fue un golpe de Estado.Un golpe de Estado permanente, sin mecanismo para la vuelta atrás. Lo de Tejero fue una anécdota pasajera al lado de esto.
  1. El gobierno renunció a hacer política y la confió al Tribunal Constitucional, que lo aceptó, a pesar de los votos particulares de algunos magistrados. La sentencia de lascorridas de torostiene que ver con lo mismo; por cierto, aunque la competencia es claramente autonómica:hay que defender “la fiesta nacional”.Con Batasuna hicieron lo mismo: hechos políticos contestados reiteradamente mediante los tribunales, sin más. Ante toda novedad, repitieron hasta la saciedad lo de “cuestión fallada, ejecución de sentencia”. Es el fin de la política, la negación del pacto.Es la práctica del autoritarismo porvía jurídica.
  1. En febrero del 2007, en un artículo de El País, titulado “Golpe de Estado”, ya lo advertí, con ocasión de la recusación dePablo Pérez Tremp como magistrado del Tribunal Constitucional en relación con el recurso contra el Estatuto. Fue una señal inequívoca: una prevaricaciónpor cuenta de los seis magistrados que la aprobaron, frente a los votos particulares de otros cinco.No se prevarica porque sí: es que algo gordo se está cociendo, que tiene al Tribunal “acagajonao”.
  1. En Cataluña, por otra parte, aunque el independentismo alcance sólo la mitad de la población, el discurso independentista resulta prácticamente el único con fuerza. Cualquier otro discurso resulta devaluado por la situación creada. Dificultad de cualquier otro discurso para ser entendido. El desaguisado estatutario lo determina todo.
  1. No basta sin embargo. Hace falta, según parece, que la situación creada toque fondo.Procesamientos, inhabilitaciones, desconexión, choque frontal… No parece que haya capacidad de rectificación política. Por ninguna de las dos partes.La batalla habrá que ganarla en Cataluña. No sé cómo, pero tendrá que ser en Cataluña. En el resto de España, el anti catalanismo es muy rentable.
  1. En cualquier caso, el Estado español no tiene fuerza para imponerse. Se entiende el Estado democrático. Pero es que el otro, en el marco de la UE, ya no es posible. Habrá inhabilitaciones, pero no prisión. Resultaría inmanejable.
  1. A más dureza, mayor será la respuesta. ¿Hasta dónde van a llegar?¿Hasta la aplicación del artículo 155 de la Constitución, con la suspensión del autogobierno? ¿Quién va a hacerlo, también el Tribunal Constitucional?No estamos en 1934.
  1. Y el suflé no va a bajar. Bajará en algunos momentos, pero para volver a subir de inmediato, a la siguiente ocasión.
  1. Da la impresión que la única salida es un referéndum. Pactado, claro está. Pero los grandes partidos españoles no lo aceptan. Parece imposible. Pero también podría ser muy fácil: bastaría un acuerdo político, que incluyera la pregunta, el cuórum, el porcentaje necesario, etc.
  1. Vías las hay si se quiere, si hay voluntad política. En otras ocasiones, se fue muy lejos. Se llegó a legitimar una inconstitucionalidad, a raíz del referéndum andaluz de 1980. El referéndum había sido un éxito, excepto en Almería, que no llegó al 50% preceptivo según la Constitución. ¿Había que sacrificarlo por ello? Para validarlo, se introdujo una modificación ad hoc en la ley de referéndums que dejaba sin efecto un precepto de la Constitución. Ni más ni menos. Inconstitucional. Nadie rechistó. Si se quiere, se puede, sin necesidad de llegar a esos extremos
  1. Aunque no me gustan nada los referéndums. Polarizan demasiado las posiciones. Simplifican en exceso. Y, después, ya no hay remedio: Colombia, elBréxit…
  1. ¿Qué otra salida hay?Cataluña no puede quedarse con el Estatuto troceado que resultó de la sentencia.Tampoco va a iniciar otro proceso de reforma estatutaria: eso ya lo hizo.Y no hay trayecto jurídico para una marcha atrás de la sentencia. Por otra parte, el PP no parece dispuesto a admitir una reforma constitucional en serio…Han creado una situación de auténtico desorden.Y no se dice nada que sea razonable. Nadie escucha a nadie. Sólo se escucha para ver cómo tergiversarmejor y contradecir de la forma más efectiva.

En respota a algunes intervencions del col.loqui:

  1. En los diarios de Cortes de 1978, puede leersequé sentido daban los constituyentes a la expresión “nacionalidades”,incluida en el texto Gregorio Peces Barba se lo dice a Fraga con todas las letras: “España, nación de naciones”. ¿Ahora ya no vale?
  1. Los socialistas tienen interiorizado el problema, por eso están rotos. Han interiorizado la quiebra. El PSOE sin el PSC no va. Y el PSC sin el PSOE tampoco.La ventaja de los socialistas ha sido su función de agentes del encuentro territorial, cosa que, en la actual situación, ha devenido su desventaja.
  1. Cataluña no tiene poder para separarse, pero sí para hacer ingobernable España.
  1. Ante alguna observación que le atribuye un exceso de pesimismo, Pérez Royo sostiene que se limita a constatar lo que ocurre, así como la falta de toda perspectiva razonable por el momento. Deberían moverse posiciones que por ahora son irreductibles

*Notes preses i redactades per Jordi Font, que es disculpa de les segures imprecisions i dels possibles errors.

1 Comentari »

  • Joan said:

    Durant la vida he tingut treballadors molt bons que he deixat marxar per no pagarlis un bon sou, ha sigut una gran equivocaciò, això es lo que li pasarà a Espanya amb Catalunya.l

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