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Francisco Caamaño: “La judicialización de la política es grave: el derecho no está hecho para crear héroes ni mártires, sino para resolver conflictos”

9 novembre 2016 Sense Comentaris

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Llibre sobre el cicle de conferències “La pell de brau”

El final de la Pell de Brau, un cicle orientat a debatre sobre l’encaix territorial de Catalunya amb Espanya, arribà el passat 14 de novembre de la mà de l’ex-ministre de Justícia Francisco Caamaño. Caamaño ha estat diputat pel PSdG tant al parlament gallec com al congrès dels diputats per la província d’A Coruña. Actualment és catedràtic de dret constitucional a la Universitat de València.

Un cop acabada la conferència, es va dur a terme un petit homenatge al jurista Francisco Rubio Llorente (1930-2016), que fou President del Consell d’Estat (2004-2012) i Vicepresident del Tribunal Constitucional (1989-1992).

Us en deixem a continuació el vídeo complet i, com ja és habitual, les notes preses per Jordi Font amb el vist-i-plau del ponent.

 

Notes de la conferència de FRANCISCO CAAMAÑO

Tratándose de la última sesión del Ciclo “La pell de brau”, convocado “en homenaje a Francisco Rubio Llorente”, el presentador pide a Francisco Caamaño unas palabras sobre  su maestro. Vino a decir:

  1. A Francisco Rubio Llorente, le conocí cuando yo era estudiante de derecho y él Vicepresidente del Tribunal Constitucional. Le había escrito para pedirle si podía echar un vistazo a mi tesis doctoral. Me respondió, encantado, añadiendo que le habían interesado mucho las críticas que la tesis contenía a alguna de sus sentencias. Fue severo y exigente con sus alumnos, y muy generoso. Fue uno de los grandes intelectuales españoles, con una enorme humildad personal, con una curiosidad permanente y con una gran valentía. Tuvo un papel fundamental en la cuadratura territorial. Al final, ya hospitalizado, me decía como quien pasa el testigo: “Hijo, del debate territorial, sólo quedamos Pérez Royo, tu y yo”. En tiempos oscuros, dio origen a una auténtica escuela de constitucionalistas; donde no había Constitución, ni libertades ni derecho. Su vida fue siempre coherente con su modo de pensar. No se acomodó.

A una pregunta inicial del presentador sobre sobre la situación de la relación Cataluña/España:

  1. Es optimista, pero que hay que abordar la cuestión sin eufemismos como el de “Estado autonómico”, sino por su nombre: entendimiento Cataluña-España. Lo primero es el rechazo a la violencia. Los españoles sabemos lo duro que es no saber o no poder hablar. Y amamos poder hablar. Queremos hablar. Y vamos a conseguir que oigan los que no quieren.
  2. Siempre son mejor los arreglos que las rupturas. Entre personas, las rupturas, a veces comportan una nueva oportunidad. Entre las colectividades, no: generan enrarecimientos absurdos y toda clase de complicaciones…
  3. La cuestión esencial es dar cabida a los sentimientos de todos. Y, si para ello hace falta, hay que cambiar las palabras del lenguaje político. Hay que comprender los unos a los otros. Hay que aprender los unos de los otros.
  4. Tenemos fiebre, que lleva al delirio. Hay que bajar la temperatura y analizar las cosas con distancia, con valentía, con objetividad.
  5. En la “contienda de las naciones”, tenemos una posición nada ventajosa. La reforma constitucional es inevitable  desde la sentencia del Tribunal Constitucional en 2010 sobre el Estatuto catalán. Desde entonces no hay “Constitución territorial”. Ni en Cataluña ni en el resto de España. Primero hay que arreglar lo que hay que arreglar, desde la política: el entendimiento Cataluña-España. Después, han de entrar los juristas.

Aquí empieza propiamente la conferencia de Francisco Caamaño:

  1. Recursos del Defensor del Pueblo y del PP contra el Estatuto catalán, admitidos por el Tribunal Constitucional. No debió admitirlos. Se dispone, además, a enjuiciar esta norma, preámbulo incluido, cuando había sostenido hasta entonces que los preámbulos no eran enjuiciables, sino tan sólo el articulado.
  2. Siempre hubo tensiones en los intentos de acomodación de Cataluña en la España democrática. Pero este momento era distinto a los anteriores: la tensión se hizo de alta intensidad.
  3. La democracia es un bien escaso en la historia de España, una excepción dentro de una historia larguísima; una historia que, por fin, ya no viene determinada por la guerra entre coronas ni por el intento nacionalista, en el XIX, de legitimar una monarquía liberal… En 1931, la II República abordó la “Constitución territorial”, pero murieron en el intento. No nos sirve comparativamente. Nada que ver.
  4. El Estatut de 2006 había llegado después de años de democracia,

-después de años de “Estado autonómico”.

-después de años de integración en la Unión Europea, a la que hemos ido trasfiriendo importantes parcelas de poder (políticas monetarias, de pesca, medioambientales…), cosa que debería haber propiciado una mayor fluidez en la distribución de competencias interna,

-y después del relevo de la generación constituyente.

  1. Cuando se hizo la Constitución, no había consciencia del impacto que la Unión Europea iba a tener en su Título VIII. Con las transferencias a la Unión, quien perdió fueron  las Comunidades Autónomas. La negociación la hizo el Estado, que introdujo elementos diversos de recentralización, bajo capa de europeización. Nadie hizo cuestión de ello, tampoco los nacionalistas: si se trataba de europeizar, estaba bien.
  2. La Constitución, por otra parte, arrastra problemas internos. Y es que es lo que es porque salíamos de donde salíamos. La nueva generación señalaría lo de la “monarquía impuesta”, la “legitimación del Concordato con el Vaticano”… Pues sí: lo que se pudo hacer para pasar de la dictadura a la democracia.
  3. En otros lugares, también hubo muchas limitaciones: el contexto manda. La Constitución de los EEUU es la de los ciudadanos de la costa Este, sin los indios del Oeste, sin California que era española… Pero luego fueron capaces de señalar los condicionantes del contexto y de introducir los cambios necesarios. Nosotros, no: en España ha predominado el temor a los cambios y el inmovilismo.
  4. La nueva generación, por el contrario, dispuesta a los cambios, se ha encontrado con la cláusula que hace muy difícil la reforma. De una lado, los que no quieren. Del otro, los que no pueden.
  5. La Constitución de Alemania ha sido objeto de reajustes continuos, sin ningún problema, al contrario: ha sido la garantía de su vigencia.
  6. Los intérpretes de la Constitución son dos: quienes la hacen, los legisladores; y, posteriormente, el árbitro, es decir, el Tribunal Constitucional.
  7. Durante muchos años, el Tribunal Constitucional fue emitiendo sus interpretaciones sucesivas, que serían aceptadas sin problemas. Así, fue salvándose la necesidad creciente de reforma de la norma. Las interpretaciones del árbitro compensaban las insuficiencias de la norma y la acomodaban a las nuevas necesidades.
  8. Ello se prolongó en el tiempo hasta el momento en que el Tribunal Constitucional ya no pudo o no quiso “interpretar” más. En que no quiso seguir estirando la norma para continuar acomodándola.
  9. Este es el escenario actual, muy distinto de los anteriores. La sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut en 2010, a parte el mal que suponga en sí misma, comportó un mal añadido y mucho peor: acabó con la pasibilidad de que los legisladores (los otros intérpretes de la norma) pudieran hacer nuevas acomodaciones de la Constitución. El Tribunal Constitucional llegó hasta aquí y se acabaron las acomodaciones: cerró la puerta de toda nueva interpretación. Nos dejó sin “Constitución territorial” y bloqueados. Esperemos que no haya faltas; y, menos aun, un penalti…
  10. Algunos atribuyen a la crisis económica la exasperación que ha embargado a la cuestión catalana. Sin rechazarlo del todo, pienso que la cosa tiene más que ver con la etapa que se abrió con el Plan Ibarretxe y que siguió con los nuevos Estatutos: el valenciano, el catalán y los que seguirían. Una etapa en la que la acción partidaria se tradujo abiertamente en acción desde las instituciones. Y no me refiero sólo a los nacionalismos periféricos. Hay que recordar aquello de que “quien señala al nacionalista, suele ser un nacionalista”.
  11. El Plan Ibarretxe era contrario a la Constitución. Los catalanes no hicieron esto: se movieron escrupulosamente dentro de la Constitución. Eso sí, apurándola al máximo.
  12. Jacques Derrida escribió sobre “la fuerza de ley” y sobre “el fundamento místico de la autoridad”, citando a su vez a Montaigne. Las leyes mantienes su crédito no por justas, sino por leyes: es el fundamento místico de la autoridad. Cumplir la ley por justa es algo que se hace con arreglo a la propia conciencia. La ley no se cumple por eso. La cumplimos porque la respetamos. Aunque no sea justa. Carl Schmitt dejó claro que no cabe contradicción entre lucha por la justicia y lucha por el derecho.
  13. Me preocupa especialmente eso que podría llamarse “legislación alegal”. Se trata de una ley sin fundamento místico, sin fuerza de ley.¿Cuál es el dedo que escribe las tablas de la ley? No es Dios ni la justicia sino “lo que convinimos”. Derrida dijo: “Sin la fuerza del derecho, no es posible la experiencia de  justicia”.  Se pretende crear derecho a partir del “yo quiero ser”. Eso no tiene fuerza de ley. Es una mera pretensión. Y supone algo muy grave: el desgaste del derecho como elemento de diálogo.
  14. El Estatut de 2006 pretendió hacer frente a determinadas maneras de interpretar la Constitución, valoradas como insuficientes o restrictivas. Corregirlas, enmendar la orientación que comportaban. El problema fue la estrategia seguida. Se paso de un texto breve y simbólico a un texto prolijo: había que impedir como fuera cualquier otra interpretación. Se reescribió agotando todos los márgenes de la página, para que no quedara ni un solo agujero por donde pudiera colarse otra interpretación. Pocas normas se han trabajado tanto. Se invitó a estudiosos de otras partes, se comparó, se sacaron conclusiones: no se dejó ningún cabo suelto, ningún resquicio. Un enorme esfuerzo. Tomando prestado el lenguaje de los jóvenes, podría decirse que fue un intento de “jaquear” el marco jurídico-político, es decir, de entrar en él utilizando el mismo lenguaje, para hacerlo girar hacia donde se quería.
  15. Lo contrario de lo que deben ser este tipo de normas: flexibles, abiertas al diálogo. Se diseñó un corsé, un canal rígido del que no hubiera escapatoria. Los sistemas políticos respiran, precisan respirar. Los Estados federales a veces basculan al centro, otras veces basculan en sentido inverso… Así encajan momentos distintos, correlaciones cambiantes. Ignorarlo fue uno de los grandes inconvenientes de aquel Estatut.
  16. El Tribunal Constitucional, de hecho, declaró inconstitucionales unas pocas cosas. Lo malo fue que hizo una sentencia interpretativa, que se dedicó a desmontar la interpretación que contenía el texto estatutario con la misma inflexibilidad con la que éste había sido redactado. Vino a decir: aquí, sólo interpreto yo. Y dejó de lado al otro intérprete: el legislador. Con ello, el Tribunal agotó las capacidades de interpretación.
  17. Así fue como se llegó al actual intento de “atacar la legalidad desde dentro de la ley”. Es un juego de palabras. “Derecho a decidir”, es decir, derecho a pronunciarse sobre el propio destino o derecho al referéndum. Ello conlleva una contradicción enorme: contrapone democracia y ley. ¿Qué es primero, la democracia o la ley? ¿el huevo o la gallina? Derecho a decidir, sin ley que lo reconozca, no lo hay. Tanto en el Canadá como en el Reino Unido, hubo primero pacto y, después, lo que siguió (ley de claridad, referéndum). No hay vuelta de hoja. Sin ley no hay democracia. Sin democracia no hay ley. Son las dos a la vez, no una primero. La democracia a secas es derecho sin fuerza de ley.
  18. Y empezaron las exquisiteces: ley de consultas populares al Tribunal Constitucional, dando lugar a una sentencia que, lo menos que puede decirse, es que resulta difícil de descifrar.
  19. Es el deterioro de las palabras con las que hay que entenderse, el deterioro del lenguaje del derecho. “Elecciones plebiscitarias”. El para-derecho, contrario al derecho. Si consigo eso, me legitimo. Minas en el lenguaje. Derecho alegal, derecho de combate. Nada es lo que parece. El derecho no fue pensado para generar espacios de alegalidad.
  20. Es la misma trampa en la que incurre el Tribunal Constitucional  a raíz del recurso de la Abogacía del Estado contra la “proposición no de ley” del Parlamento catalán sobre la independencia, una resolución política, sin consecuencias jurídicas. Se equivocaron. El Tribunal sólo debe abordar las cuestiones que pueden tratarse en términos estrictamente de derecho.
  21. Se está dando lugar a un “derecho anfibio”, que se adapta a la legalidad y a la ilegalidad. El Estatut tenía fuerza de ley y se usó para el bloqueo. La sentencia del Tribunal Constitucional también tenía fuerza de ley y se usó para promover el bloqueo inverso. Es el “derecho constitucional del enemigo”.
  22. Vendría aun el cambio de la ley orgánica del Tribunal Constitucional para atribuirle competencias propias de un juez penal. En cuarenta años, no había hecho ninguna falta. Sólo se explica como reacción política.
  23. Unos y otros estiran el lenguaje con el que nos hemos de entender. Esos no son los dedos que deben escribir las tablas de la ley. No se puede dilatar más el desencuentro.
  24. Los Estados son como una representación teatralizada de la sociedad a la que representa, cuya pieza central es el parlamento. En ellos, se escenifica y se refleja la convivencia, en su complejidad. Es muy inconveniente violentar el lenguaje, porque se puede embrollar demasiado y puede inutilizarse. Y porque ello puede contaminar gravemente a la sociedad que representa y que se ve en el espejo de la política.
  25. Diálogo franco, entendimiento. No hay democracia sin ley. No hay ley sin “fundamento místico de la autoridad”.

En el coloquio, a raíz de preguntas del público:

  1. Democracia son valores, no sólo la regla de la mayoría, que puede ser tiránica. La democracia es el combate contra la tiranía de la mayoría, para que las minorías sean respetadas, aceptadas, escuchadas, a ser posible integradas.
  2. Para decidir, hay que tener normas, hay que saber cómo decidimos. El referéndum va a estar sobre la mesa. ¿Cómo lo gestionamos? ¿Con qué reglas? ¿Con qué cuórum, qué pregunta, qué porcentaje, cada cuando…? Hay que pensar en escenarios razonables. Habría que modificar el artículo 92 de la Constitución que lo refiere únicamente a “todos los españoles”.
  3. Hay quien busca tan sólo los réditos electorales de la confrontación. Estoy harto de permanente “debate de la nación”. Dos grandes naciones, Gran Bretaña y Escocia, existen sin que la soberanía esté en ninguna de las dos, sino “en el Parlamento”. Por mi, ni “nación de naciones”. Me bastaría con “marco de convivencia”, cada cual con sus pertenecías interiores, reconociendo las diferencias, con comodidad, con voluntad de encuentro y entendimiento. Habría que olvidarse de las “naciones soberanas” y hablar de otra cosa: de la convivencia, de la democracia.
  4. La judicialización de la política es grave. La política ha de responder de los delitos que en ella se cometan, pero no se puede criminalizar la actuación política. El derecho no está hecho para crear héroes ni mártires, sino para resolver los conflictos.

*Notes preses i redactades per Jordi Font, que es disculpa de les segures imprecisions i dels possibles errors.

 

 

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